Por Milene Medina

Hace ya varios años Yaite Ramos salió de Cuba detrás del amor. Dicen que cuando uno está fuera de su país la nostalgia se agudiza en todos los sentidos, y que duele, duele mucho. Es ahí donde buscamos cualquier método para calmar esa melancolía y, entonces, nacen ideas que cambian la vida.

Hoy, en pleno 2020 y con tabaco en mano, La Dame Blanche camina las calles de París, compone y rapea. Ese tabaco, que conecta su casa actual con su tierra, también la acompañará a La Habana cuando la cubana le cante por vez primera a su gente, gracias a la séptima edición del Festival Havana World Music. “Hace mucho tiempo que les hablo a mis productores del día en que toque en Cuba, y gracias a ellos esto se hará realidad”, comenta La Dame Blanche a unos días de su concierto.

Vienes de una familia de músicos. Tu padre, Jesús “Aguaje” Ramos, es una de las figuras más relevantes del Buenavista Social Club ¿Fue precisamente él tu primer acercamiento a la música?

Mi padre, excelente trombonista y mi ídolo, fue uno de mis primeros acercamientos a la música. Pero no solamente él. Vengo de una familia llena de grandes talentos, puedo citarles con gran orgullo a mis tíos Mario Rivera (Mayito), Alfredo Rodríguez, mis primas Arlenis Rodríguez, Ademilis Hernández y muchos, muchos más. Pueden imaginar que las plazas estaban llenas pero yo también lo traía en la sangre. Nací en la familia ideal para alimentar este don.

¿Cómo fue ese salto de la flauta al género urbano?

Experimenté muchos géneros antes de que la vida me llevara a la música urbana. Fue un impulso de sobrevivencia. En este terreno me expongo tal y como soy, abandono la técnica, la nota perfecta y la competencia, sin dejar mi flauta, que es un instrumento que hace la diferencia y se ha convertido en mi arma de combate.

¿Hubo algún momento específico que marcó ese inicio en el género?
Sí hubo un momento especifico. Quise ser instrumentista clásica, cantar latin jazz, entre otras tantas ambiciones, pero la vida te lleva donde quiere y llegó ese instante colérico del que nació La Dame Blanche. Fue un grito de auxilio y la necesidad de demostrar el músico que soy y sobre todo vivir de esto. Como el patito feo que al final se convierte en cisne.

En tus canciones disfrutamos de una mezcla de ritmos afrolatinos, flamenco, jazz y electrónica, ¿por qué esa experimentación constante de sonidos?

En París descubrí muchas culturas y géneros diversos, trabajé con artistas de todo universo. Me gusta la música en todo su esplendor. Es difícil para mí definirme en un estilo específico. Esa es precisamente una de las libertades que tiene el hip hop: la expresión es la que cuenta, poco importa en la manera que se haga.

¿Qué hay de Yaite Ramos en La Dame Blanche y viceversa?

Ellas dos se completan, lo que le falta a una se lo ofrece la otra y como digo siempre: es mejor andar acompañada. La Dame Blanche me hace tener alas, distinguirme y defenderme con una gran fuerza que Yaite Ramos tiene escondida en un carapacho donde esconde sus debilidades, y La Dame Blanche se alimenta de ellas y las transforma.

¿Has tenido más retos o tropiezos de los habituales en tu carrera por ser una mujer negra y latina?

Sí, he tenido tropiezos y retos difíciles de sobrepasar, y el hecho de ser mujer, negra, latina y cubana lo supera todo. Eso defiendo constantemente. Cabeza alta y paso seguro y ese eterno dicho: “conmigo no te metas”.

¿Qué significa Cuba y la música cubana para Yaite Ramos?
Linda pregunta. A Cuba la resumo con la palabra “melancolía”, y la música cubana —aunque pueda parecer que estoy bravita con ella— es y será siempre mi canción de cuna favorita. La música cubana es mi base y la defiendo a mi manera, claro.

¿Qué expectativas tienes con este concierto en el Havana World Music?  Mis expectativas para este concierto son grandes. Es una sensación de que por fin voy a romper el hechizo: La Dame Blanche en Cuba por primera vez y llega por sus propios medios, es una victoria personal que Havana World Music me ha permitido y lo voy a disfrutar. Por eso muchas gracias.